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Laboratorio

Befoo

Tarjetas de fidelización en la web y en la Wallet del móvil.

Por qué te lo contamos

Porque sus usuarios son como tú: la cafetería, la peluquería y la tienda de la esquina. Y porque enseña algo que aplicamos en todos los proyectos: el producto tiene que ir a donde ya está la gente. Nadie quiere instalar una aplicación por cada comercio, pero todo el mundo lleva una Wallet en el móvil.

Cuándo
2026 — hoy
Estado
En marcha
Qué hicimos
Producto · Diseño · Desarrollo · Wallet · Pagos · Infraestructura

El problema

La tarjeta de fidelización de cartón funciona: hace que la gente vuelva. Pero se pierde, se queda en casa y no le dice al comercio nada de quién vuelve ni cada cuánto.

Las alternativas digitales suelen pedir al cliente que instale una aplicación por cada comercio, y al comercio, una cuota pensada para una cadena y no para un local de barrio.

Qué construimos

Una tarjeta de fidelización digital para cada comercio, con sus colores y sus recompensas, y una sola cuenta para el cliente donde se juntan las de todos los sitios a los que va. Vive en una web que no hace falta instalar.

Y va también en Apple Wallet y Google Wallet, junto a las tarjetas de embarque y las entradas. El cliente la enseña en caja desde ahí, a un gesto y aunque no tenga conexión; el comercio la escanea con su propio móvil y el sello cae al momento.

Desde su panel, el comercio ve quién repite y cada cuánto, invita a su equipo, descarga sus carteles con su QR y manda promociones a sus clientes.

Los mensajes que trabajan solos

Lo que hace que alguien vuelva no es la tarjeta: es acordarse de ella. Por eso el comercio puede activar mensajes que se envían solos cuando toca, sin tener que pensar en ellos.

A quien lleva semanas sin aparecer, un «hace mucho que no te vemos» que le recuerda lo que tiene acumulado. A quien le falta poco para su recompensa y no vuelve, un aviso de que está a una visita. Y el día de su cumpleaños, una felicitación con un regalo, si el comercio quiere hacérselo, que el empleado canjea en caja como cualquier otra recompensa.

Cada mensaje dice luego cuántos clientes volvieron en las dos semanas siguientes, que es lo único que le importa al comercio.

Reseñas en Google, de quien mejor te conoce

Para un comercio de barrio, las reseñas en Google son el escaparate que ve quien todavía no ha entrado. Y casi nunca las escribe el cliente de siempre, que es justo el que más tiene que contar.

Befoo se las pide en el mejor momento: al canjear su recompensa, o tras unas cuantas visitas si el comercio lo prefiere. Le llega un aviso con el enlace directo a la ficha de Google del local donde ha estado, así que dejarla es un toque. El comercio, además, tiene un QR de reseña para imprimir en cada local y ve cuántos clientes pulsan.

Sin trampas que luego se pagan: no se da nada a cambio de una reseña y se le pide a todo el mundo por igual, no solo a quien parece contento. Son las dos cosas que Google y la normativa europea prohíben, y por las que una ficha puede perder sus reseñas de golpe. Y a nadie se le pide dos veces.

Dónde se nota el criterio

Un mensaje automático mal medido es spam con buena intención. Cada uno se envía una sola vez cuando se cumple su condición, nunca más de uno por comercio y cliente en la misma semana, y los de cumpleaños y reencuentro solo llegan a quien ha aceptado recibirlos de ese comercio. El cumpleaños se pide sin año, y el comercio nunca ve la fecha: solo sabe que la felicitación salió.

Y en la barra nadie discute. La regla de cada tarjeta está siempre escrita y no admite dos lecturas —«por ticket, no por consumición»—, si el comercio cambia las condiciones las tarjetas a medias se terminan con las de antes, y cada sello queda registrado con quién lo puso.

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