Cómo trabajamos
Como ir a un buen sastre
«Dices lo que quieres, te toman medidas y te desentiendes. Recoges tu traje sabiendo que es exactamente el que pediste. Y si hay que dar un retoque, se da.»
Escuchar, entender, resolver. En ese orden
La mayoría de los proyectos que salen mal no salen mal por la tecnología. Salen mal porque nadie dedicó tiempo suficiente al principio a entender qué hacía falta de verdad, y se empezó a construir sobre una suposición.
Nosotros invertimos ese tiempo. Preguntamos mucho, incluso lo que parece obvio, y miramos también lo que se puede prever que vas a necesitar dentro de un año. Ni hacer de más, ni hacer de menos: eso es lo que hace que un presupuesto sea ajustado y que un proyecto se sostenga.
Así trabajamos, paso a paso
Siete pasos. Los tres primeros son los que deciden si el proyecto va a salir bien, y son justo los que casi nadie se toma en serio.
Te escuchamos
La primera conversación es larga y es gratis. Nos cuentas a qué te dedicas, qué te está pasando y qué te gustaría conseguir.
No traemos una propuesta preparada. Traemos preguntas, y bastantes de ellas son sobre tu negocio, no sobre software.
Entendemos el problema, no solo el encargo
Analizamos cómo trabajas hoy, dónde se pierde tiempo y qué procesos se pueden simplificar antes de automatizar nada.
Muchas veces aquí cambia el encargo. Se viene a pedir una aplicación y resulta que el problema se resuelve mejor de otra forma, más barata. Decirlo forma parte del trabajo.
Te proponemos una solución concreta
Recibes una propuesta con lo que se va a construir, lo que se deja fuera a propósito, cómo se va a hacer y qué consigues con ello.
Escrita para que la entiendas tú, no para impresionar a un técnico. Si algo no se entiende, está mal escrito y lo reescribimos.
Cerramos alcance, precio y fecha
Presupuesto cerrado y llave en mano. Sabes lo que vas a pagar y cuándo lo vas a tener antes de que empecemos.
Si nos hemos equivocado calculando, el problema es nuestro. Ese es el sentido de un precio cerrado: que el riesgo lo asuma quien tiene la información para valorarlo.
Montamos el equipo que pide tu proyecto
Elegimos a los profesionales adecuados entre autónomos con los que ya hemos trabajado y sabemos cómo responden.
No tenemos una plantilla que colocar ni gente en el banquillo que haya que mantener ocupada. Eso es justo lo que hace que en otros sitios te acaben asignando a quien está libre en vez de a quien encaja.
Construimos y te lo enseñamos por el camino
Trabajamos por tramos y paramos en momentos acordados para enseñarte cómo va y comprobar que sigue siendo lo que esperabas.
Así las correcciones se hacen pronto, cuando cuestan poco. La alternativa —desaparecer tres meses y volver con una sorpresa— es como se arruinan los proyectos.
Te lo entregamos y seguimos ahí
Recibes el proyecto documentado, con el código y los accesos a tu nombre, y listo para que lo continúe quien tú quieras.
A partir de ahí, si quieres, nos quedamos con el mantenimiento y la infraestructura. Y como un buen sastre, los retoques posteriores no son un problema: son parte del servicio.
Dónde entra la inteligencia artificial
Usamos IA todos los días, para desarrollar más rápido y dentro de lo que construimos para ti. Es una de las razones por las que hoy se puede hacer más con menos presupuesto, y sería absurdo renunciar a ello.
Lo que no delegamos nunca es el criterio: qué hay que construir, qué conviene dejar fuera y qué decisión te va a costar cara dentro de dos años. Eso lo sigue haciendo una persona con treinta años viendo tecnologías llegar y marcharse.
Y cuando la IA hace un trabajo importante, alguien lo revisa. En Hoy Planes, uno de nuestros productos, tenemos sistemas de IA supervisando el resultado de otra IA que clasifica miles de planes al día. Porque una inteligencia artificial sin nadie mirando no es automatización: es esperar que salga bien.
Todo empieza con una conversación
Nos cuentas qué necesitas y te decimos con franqueza si podemos ayudarte y cómo. Sin compromiso y sin prisa.
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